Entre leer a Murakami o escribir mis pendejadas

Tal vez como bendición pero ayer entre una sesión de gimnasio y una cena de Navidad me quedaba una hora libre, tenía mi teléfono y mi libro, tenía muchas ideas en la cabeza que querían salir pero no eran muy claras y seguramente no eran importantes, la cosa es que la tecnología decidió por mí y al vde que no había señal de Internet en los vestidores del gimnasio, abrí mi librito y me escapé por un rato con él.
Luego ya fui a la cena y chido porque estaba junto a jovenzuelos que hablan y hablan y uno ríe y la cosa va bien, es divertido estar con gente ligera,  hablaban de mujeres, probablemente porque los hombres por naturaleza hablan de lo que no tienen, se daban consejos sobre cómo gustarle a una mujer pero después hablaban sobre cómo no caer en la trampa, hay tantos momentos en la vida en los que me hubiera gustado ser lesbiana, como cuando veo mujeres guapas ( rigurosamente masculinas) y/o cuando me harto hasta el infinito del género masculino, aunque a final de cuentas hombres y mujeres es lo mismo, es nuestra absurda naturaleza humana.

 El otro día estuve platicando con mi pasado y me decía cosas lindas al oído, luego me acordé que alucino y mis alucinaciones me han llevado a caminos insospechados de la vida, pero luego llega mi gato, que hace las veces de espejo de la casa de la risa y me muestra las maravillas del mundo en cuatro patas, una nariz húmeda y dos ojos de Luna llena.

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